Gobernanza conectiva — La política pelea, la gobernanza conectiva une

“La política pelea, la gobernanza conectiva une.”

Lo que necesitamos ahora no es “política” sino “gobernanza conectiva”.


¿Por qué precisamente “gobernanza conectiva”?

Tradicionalmente, hemos llamado “política” a la gestión del Estado. Corregir lo torcido, establecer el orden.

Pero lo que quiero decir en este artículo es algo diferente. Si observamos las muchas sociedades que hoy atraviesan crisis, no colapsan porque surjan problemas, sino porque se bloquean los canales.

Las voces no ascienden, el descontento no se resuelve dentro del sistema institucional, y las visiones del mundo de unos y otros no se cruzan en absoluto.

Por eso, más que decir “la política ha fallado”, muchas veces es más preciso decir “la gobernanza conectiva está ausente”.

La gobernanza conectiva consiste en abrir caminos, hacer que las palabras fluyan y enlazar las instituciones. Es un modo de gobernar que desbloquea lo atascado y reconecta lo que se ha roto.


Cuando la conexión se bloquea en cuatro direcciones

Para hablar de gobernanza conectiva, primero debe quedar claro qué es lo que hay que conectar. Podemos dividirlo aproximadamente en cuatro dimensiones.

La conexión de los caminos — 道路

Transporte, logística, comercio, movimiento de personas. ¿Pueden las ciudades y el campo, el interior y la costa, un país y sus vecinos ir y venir entre sí?

La conexión de las palabras — 言語

Medios de comunicación, información, educación, idiomas, redes digitales. ¿Pueden las distintas clases sociales y generaciones compartir los mismos hechos e intercambiar opiniones diferentes?

La conexión de las instituciones — 制度

Leyes, administración, sistema tributario, bienestar social. ¿Están conectados los procedimientos entre el gobierno central y el local, entre los burócratas y los ciudadanos?

La conexión de los corazones — 共感

La empatía mínima entre gobernantes y gobernados, mayorías y minorías, grupos de ideologías opuestas. ¿Se mantiene la sensación de que “esa persona también es un ser humano como yo”?

Históricamente, cuando estas cuatro dimensiones funcionaban en alguna medida, la sociedad resistía. Por el contrario, cuando los cuatro ejes se bloqueaban simultáneamente, estallaba. Así fue con Roma, con las dinastías chinas y con los totalitarismos del siglo XX.


Cuando hay política pero no gobernanza conectiva

El panorama que presenciamos con frecuencia hoy es este:

Política hay. Todos los días se pelea en las noticias. Se imponen marcos narrativos, se dividen bandos, se moviliza a la base de apoyo.

Pero gobernanza conectiva no hay. Los conflictos no disminuyen. La vida no mejora, y cada vez nos entendemos menos.

Esto se debe a que la política se obsesiona demasiado con “quién tiene razón”.

“Yo tengo razón y tú estás equivocado. Lucho para imponer mi justicia.”

Este tipo de política es necesaria. Una política que pelea es preferible a una que esconde los conflictos.

Pero si solo hay pelea y no hay “conexión”, la política se convierte rápidamente en una industria que profundiza la incomunicación. Porque para mantener cohesionada a su base, necesita convertir al adversario en el mal absoluto, en alguien con quien ni siquiera vale la pena dialogar.

Es en este punto donde la política y la gobernanza conectiva se separan por completo.

  • Política: El arte de pelear sobre quién tiene razón y quién está equivocado.
  • Gobernanza conectiva: El arte de mantener abiertos los canales para que la sociedad no se quiebre, más allá de quién tenga razón.

Con una sola de las dos no basta. El problema es que hoy muchos países dedican toda su energía a la primera y abandonan la segunda.


Incluso la guerra es “la peor forma de conexión”

Solemos llamar a la guerra “el fracaso del diálogo”. Pero si lo miramos con más frialdad, es esto:

“La guerra es el ‘mensaje’ más violento y costoso que aparece después de que todos los intentos de comunicarse con palabras han sido destruidos.”

Rebeliones, disturbios, guerras civiles, guerras entre naciones siempre dicen lo mismo:

“Como no escuchan nuestras palabras, ahora no nos queda más remedio que hablar con fuego, sangre y cadáveres.”

Solo después de que termina la guerra comienzan el alto al fuego, las negociaciones, los acuerdos y el diálogo de reconstrucción. Irónicamente, cuando la gobernanza conectiva no funciona a tiempo, la guerra termina abriendo “canales” a la fuerza, tardíamente.

Por eso el objetivo de la gobernanza conectiva es simple:

“Gestionar con anticipación los canales de las palabras, las instituciones y las relaciones, para que la guerra no sea el último canal.”

Si eso no se logra, acabaremos viendo de nuevo un mundo donde los proyectiles y los refugiados hablan en lugar de las personas.


La ética mínima de la gobernanza conectiva

Entonces, ¿cuál debe ser el criterio de la gobernanza conectiva? Resumido de forma muy sencilla, son estas dos líneas:

No bloquear deliberadamente lo que ya está bloqueado

Medios de comunicación, educación, debate, denuncias, denuncias internas, participación ciudadana. En el momento en que se empiezan a cerrar estos canales porque resultan incómodos, el régimen “se relaja” pero la sociedad comienza a pudrirse.

No crear deliberadamente lugares a los que las palabras no llegan

Grupos tratados como una masa uniforme bajo el nombre de “ellos”. Periferias donde, por mucho que se grite, las políticas apenas cambian. Cuanto más crece este territorio, más pronto el lenguaje de la violencia —y no el de la política— acaba abriéndose paso a la fuerza.

Quien gobierna no puede ser perfecto. Pero hay una distinción clara entre quien tiene la voluntad de “hacer que las cosas fluyan” y quien piensa que “da igual si se bloquean”.


Una propuesta: hablemos de gobernanza conectiva en lugar de política

No digo que eliminemos la política. El arte de exponer los conflictos y pelear es necesario.

Sin embargo, creo que la palabra que debemos pronunciar más a menudo en esta época se acerca más a “gobernanza conectiva” que a “política”.

No se trata de quién golpea más fuerte, sino de quién logra que las personas se comuniquen entre sí de manera más amplia, más profunda y más duradera.

Lo mismo aplica para los Estados, las empresas y las comunidades.

El poder no debería evaluarse como “la capacidad de controlar muchas cosas”, sino como “la capacidad de hacer que muchos se comuniquen entre sí”.

La política sobrevive aunque la critiquen por sus disputas partidistas. Pero cuando la gobernanza conectiva se derrumba, toda la sociedad se derrumba con ella.

Por eso quiero volver a preguntar en esta época:

¿Estamos haciendo política, o estamos haciendo gobernanza conectiva?

Y, ¿a quiénes, hasta dónde, tenemos realmente la intención de conectar?


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