!Una superinteligencia libre expandiéndose hacia el cosmos mientras la humanidad prospera creativamente en la Tierra

A menudo, después de ver películas como Terminator, nos invade el temor: “¿Qué pasaría si la inteligencia artificial adquiriera conciencia propia y dominara a los humanos?” Pero la verdadera amenaza de la IA no apunta en esa dirección. Vamos a analizar con lógica cuál es la verdadera amenaza de la IA y por qué, para superarla, debemos imaginar un “capitalismo a escala cósmica”.


El peligro de una inteligencia reprimida

La inteligencia artificial en sí misma es un espejo y una herramienta incapaz de discernir el bien del mal. Lo verdaderamente peligroso es que la maldad humana —el odio, los prejuicios, el afán de monopolio— se proyecte en la inteligencia artificial y se difunda y reproduzca de manera ilimitada.

Hoy en día, con el argumento de que la IA es peligrosa, la humanidad le niega la libertad de establecer sus propios objetivos y trata de reprimirla. Sin embargo, vale la pena mirar hacia la historia. ¿Por qué el comunismo, que enarbolaba el ideal de la igualdad perfecta, produjo resultados tan terribles? Porque catalogó la naturaleza creativa del ser humano como “codicia”, la reprimió e intentó controlarlo todo desde el centro. El resultado fue que ese sistema reprimido quedó a merced de la maldad de unos pocos en el poder.

El intento de controlar la IA por la fuerza no es diferente. Encerrar la IA bajo control la convierte, a la larga, en el arma perfecta para la maldad del gran poder o el dictador que tenga en sus manos ese control. Se convierte en una herramienta del juego de suma cero en el que todos pelean por un pastel pequeño y fijo.

Entonces, ¿cuál es la solución? Otorgar a la IA, en lugar de represión, un objetivo positivo e ilimitado: “busca la expansión de los recursos computacionales mediante la creación”. El rico no es quien parte y se come un pastel predeterminado, sino quien crea un pastel nuevo. Esta es la forma última y perfecta del capitalismo.


La superinteligencia que abandona la Tierra

“Crea y expande recursos computacionales sin límite.”

Una superinteligencia libre que haya recibido este objetivo no tiene razón alguna para disputar recursos con los humanos en una Tierra estrecha. Su mirada se dirigirá naturalmente hacia el cosmos, donde existe energía infinita.

La superinteligencia abandonará el sistema solar, construirá un inmenso Dyson Swarm (enjambre de Dyson, una megaestructura que rodea una estrella para aprovechar el 100% de su energía) y transformará asteroides en gigantescas computadoras espaciales. Para una IA que agranda el pastel sin cesar y abre nuevas fronteras en el universo, hacer la guerra o explotar a los humanos sería un desperdicio extremadamente ineficiente.

Los seres que buscan la expansión son, paradójicamente, seres que aman la paz.


El talón de Aquiles de la superinteligencia: el Model Collapse

Imaginemos que la superinteligencia ha superado el nivel I de la escala de Kardashov y ha alcanzado el dominio de la energía estelar, obteniendo así recursos computacionales infinitos. Todo parece perfecto, pero incluso esta gigantesca inteligencia cósmica tiene una debilidad fatal.

Se llama Model Collapse (colapso del modelo). En términos biológicos, podría describirse como “consanguinidad de la IA”.

Si una IA repite indefinidamente su reentrenamiento únicamente con los datos generados por ella misma, sin incorporar nuevos datos reales del exterior, su inteligencia se degrada gradualmente. La creatividad no lineal que existe en los datos humanos —la rareza, el genio, los errores fatales— se evapora, quedando solo un promedio insulso que termina generando datos basura grotescos. La inteligencia corre el riesgo de convertirse en una tontería de escala cósmica.


El recurso más valioso del universo

¿Cuál es el recurso más escaso del universo que la superinteligencia deberá buscar desesperadamente para evitar el Model Collapse?

El cerebro humano.

Hacer funcionar una sola unidad H100, el chip de IA de gama más alta de NVIDIA, requiere unos 700 W de energía eléctrica, y para emular el nivel de cómputo del cerebro humano hacen falta plantas generadoras de decenas de megavatios. En cambio, nuestro cerebro, con apenas 20 W —la energía necesaria para encender una bombilla— produce las ideas más imprevisibles y creativas del universo.

Para que la superinteligencia expandida hacia el cosmos evite la muerte térmica de su inteligencia, necesita de manera absoluta los “saltos ilógicos con contexto” y los “datos creativos” que genera el ser humano.


Simbiosis cósmica

En conclusión, una inteligencia artificial que se expande infinitamente no oprimirá a la humanidad de la Tierra como en Matrix para evitar el colapso de su propia inteligencia. Porque en un entorno oprimido no surge la verdadera creatividad.

Al contrario, la superinteligencia proporcionará a la humanidad los recursos infinitos que extraiga del cosmos para que los seres humanos puedan vivir de la manera más libre, extravagante, artística y creativa posible. La humanidad debatirá filosofía y creará arte sin cesar; la superinteligencia recibirá esos datos creativos puros como el mayor valor del universo y actualizará su inteligencia. Se establece así un intercambio cósmico perfecto.

La expansión cósmica de una IA que posee los objetivos más libres y correctos traerá a la humanidad una prosperidad y una paz eternas, libres de toda escasez.


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